El nostre col·lega i amic Oriol Ponsatí, editor de l’estimable Accent editorial, ens fa arribar aquesta notícia apareguda a La Vanguardia (edició Tarragona), el dia 18 d’abril. Agraïm fervorosament a l’Oriol que ens donés aquesta bona nova, i al senyor Jep Figueres, que ha escrit l’article, i que sap apreciar l’esforç de totes i cadascuna de les editorials suïcides que proliferen a Catalunya. Ens hem permés posar en negretes alguns fragments que ens fan posar especialment contents.
Gigante contra independiente. Jep Figueres
Cuando, a principios de 2007, se hizo efectivo el reparto del pastel 62 entre el propio Grup 62, el Grupo Planeta y Enciclopedia Catalana, muchas voces pronosticaron el apocalipsis editorial en catalán. Quienes miran con recelo la concentración editorial acusan al nuevo multigrupo de hacer imposible la competencia. En eso llevan razón. Al gigante 62 no se le gana por la fuerza, se le gana sólo no queriéndole ganar. Prueba de ello son las pequeñas editoriales –minúsculas incluso– que en los últimos años están proliferando en Catalunya. No hay ni una, naturalmente, que tenga la pretensión de jugar en la misma Liga que ninguno de los trece sellos que 62 tiene en catalán, pero no jugar en primera división no significa no jugar; ni no jugar bien.
Como es natural, aquello que se había acertado en llamar edición independiente, o de riesgo, ha desaparecido del campo visual de editoriales que, desde que han entrado en el conglomerado, deben poner los números por delante. Ahí es justamente donde se multiplican las posibilidades para editores sí verdaderamente independientes, que hacen de la edición más una profesión que un oficio, con poquísima ganancia, si la hay, combinando múltiples obligaciones laborales y con dosis inagotables de vocación y voluntarismo.
Pero existe también una especie de efecto reflejo geográfico; si los grandes grupos se sitúan en la capital, los editores independientes se reparten por el territorio. Las tierras de Tarragona cuentan ya desde hace una década con Cossetània, Arola y Mèdol. En Lleida, el decano de la edición es Pagès, con un millar de títulos desde 1990. Y en Girona está Vitel·la (consagrada a la edición de textos y estudios literarios), y acaba de nacer Accent Editorial, con un prometedor catálogo, dedicado a la literatura y al pensamiento, con traducciones de clásicos y originales en catalán. En Barcelona nacieron simultáneamente Adesiara, dedicada a la traducción de clásicos literarios, y Labreu, con una meritoria colección de poesía (Alabatre) que tiene la virtud, además, de pasearse constantemente por el territorio, organizando recitales, persiguiendo a los lectores.
Es denominador común de editoriales como Accent o Labreu, la concepción de la edición como una tarea cultural que va mucho más allá de producir libros. La organización de numerosos recitales y presentaciones convierte estas editoriales en mucho más que una editorial. Aunque en realidad, sean mucho menos. Su tarea es vital, y no les es necesario arrojar piedras contra el gigante. Le tienen la partida ganada de antemano.